Autora: Cristian Peri Rossi
Uruguaya
Del libro del Museo de los esfuezos inútiles
Ghetto de los maniqueos, un mundo de viento y azucar...
El proyecto de ley de “Salud sexual y reproductiva”, presentado recientemente por el gobierno panameño, ha generado un revuelo que agita a los sectores más conservadores de la sociedad. Desde todos los púlpitos se grita “anatema”, se hacen proclamas y se culpa al mismo Diablo de ser autor intelectual del proyecto, mientras que otros más sofisticados achacan a la responsabilidad a los “malthussianos” atrincherados en Naciones Unidas.
Los medios de comunicación, en especial la televisión, tan cargada de imágenes sexuales a la hora de vender productos, hacen un guiño a los apóstoles de la nueva cruzada, y expresan su “preocupación”. Los dirigentes magisteriales, usualmente tan revolucionarios para otros menesteres, suman sus voces y condenan al proyecto por “promover el libertinaje”. ¡Cuánta ignorancia proveniente de unos “educadores”!
Estaría en peligro la sacrosanta institución de la “patria potestad”. Según una doctora, prominente dirigente de uno de los partidos de la extrema derecha, los médicos no le podrían informar sobre si sus nietas tienen o no actividad sexual. Curiosidad que a mi me parece morbosa, pero ella afirma que en eso consiste la esencia de la “patria potestad”.
Pero lo que más le preocupa a esta gente es el uso reiterativo del concepto “género” en el proyecto. Parece que esta categoría sociológica encierra en sí todos los males. Y creo que no se equivocan.
Dos mujeres prominentes son las precursoras de la categoría de género. La primera, la antropóloga Margaret Mead, que en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, publicado en 1935, llegó a la conclusión de que los roles sociales asignados a los sexos no eran de origen biológico sino culturales. La segunda, la gran escritora francesa Simone de Beauvoir, quien resumió el asunto en una frase famosa: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer”.
El sicoanalista Robert Stoller (Sex and Gender) precisó el concepto de género: “aspectos esenciales de la conducta -a saber, los afectos, los pensamientos, las fantasías- que aún ligados al sexo, no dependen de factores biológicos”.
Hasta los años cincuenta del siglo pasado se creía que la persona, al nacer hombre o mujer, ya venía con una marca de fábrica que le asignaba no sólo lo que podía o debía hacer, sino incluso cómo debía comportarse en sociedad (temperamento). Lo cual fue, y sigue siendo, fuente de sufrimiento para incontables personas en todo el mundo.
Todos lo hemos escuchado: las niñas deben portarse bien y estarse quietecitas; los varones pueden ser desordenados o violentos. O aquello de “los hombre no lloran”, “ni juegan con muñecas”. Los hombres a la mecánica o andar por la calle, las chicas a estarse en casa y aprender las labores domésticas. Y luego se casaban y el cura santificaba: “seguirás a tu marido donde quiera que vaya”.
Gracias a la observación de otras culturas, la antropología, la sociología y la sicología, descubrieron que las expectativas que la sociedad se hace sobre el sexo de una persona no tienen que ver nada con la biología, sino que son una construcción cultural. Dicho más científicamente, el “género” o “rol sexual está definido socialmente”. Es decir, depende de la sociedad donde naces y vives.
Y, lo que es todavía peor y más subversivo para todos los retrógrados, las expectativas de género pueden cambiar, pueden desaprenderse y se modifican con el tiempo, y cambian con la sociedad. No, no son eternas.
¿Por ejemplo? El gran general Julio César, fundador del imperio Romano, era abiertamente bisexual, sin que eso causara rubor, ni menos se le ocurriera a nadie faltarle el respeto. Otro ejemplo, Alejandro Magno, que llevó extendió la dominación griega hasta la India, era homosexual. Ninguno de los dos cumplía de las expectativas de género en materia de heterosexualidad que la sociedad actual esperaría de ellos. Pero para su sociedad, eran perfectamente “normales”.
Por supuesto que el movimiento feminista, echó mano del concepto de género y lo ha utilizado como un arma en su lucha contra la injusticia de una sociedad en que la mitad de su población, las mujeres, es marginada de todos los derechos civiles, sólo por haber nacido con vagina en vez de pene. Una sociedad que les fija como único objetivo de vida y realización personal: parir.
Claro que a los conservadores no les gusta que a la gente se le enseñe desde niños que todos los seres humanos son iguales, y que no debe haber discriminación sexual, o que el sexo no es malo. Ni que se les enseñe que los estereotipos sexuales no son más que prejuicios para justificar una situación de opresión contra una parte de la humanidad. Y podemos incluir allí a los homosexuales y lesbianas. Porque el peligro es que se extienda una revolución, que ya ha empezado, en cada hogar, cuando todas las mujeres decidan rebelarse contra la esclavitud domestica y la sumisión al marido.
En palabras de la feminista norteamericana Kate Millet: “Por ser el grupo alienado de nuestra sociedad, y en virtud de su ira secularmente contenida, el sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia”.
Por ello, los más risibles son aquellos que posando de “progresistas” y hasta “comunistas” prefieren pasar agachados en este debate porque no hay nada más cómodo que claudicarle a los prejuicios, pues recibes simpatías aparentes por ello, sólo aparentes. Seguramente ello explica la casi nula participación femenina en las organizaciones sindicales y de izquierda panameñas, mucho menos como dirigentes, pues sólo se las considera para oficios de secretaria o acompañamiento. Si usaran el “enfoque de género” se darían cuenta.
Me quedo con la genial Kate Millet, cuando señala en su libro Política Sexual: “...no cabe alterar la sociedad sin transformar previamente la personalidad, cuya faceta sexual requiere, en particular, una revisión radical y absoluta...” porque “...la casta sexual prevalece sobre todas las demás formas de desigualdad social” de ahí “la inutilidad de cualquier revolución que deje intacta la unidad básica de explotación y opresión, es decir, la existente entre los sexos”.
Autor: Olmedo Beluche, Sociólogo Panameño
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Autor: Julio Cortazar
Proponerse amar es como proponerse proponerse.
El amor no es joya que se luce, es herramienta que produce.
Amar el amor es cosa ruin
Lo importante no es el amor sino lo que con él se hace
El amor hace, no se hace
El amor siente, no se siente
El amor tiene, posee; no se tiene, no se posee
El amor piensa, no se piensa
No se tiene amor, se lo es
El amor es sujeto, no objeto
Amar es una madera de ser
El amor no es una cosa, sino una madera de hacer las cosas
El amor es un método
El amor no es algo que se ve, sino más bien como un ojo con el cual se ve. Y al mismo tiempo, como una mano, que toca tocándose
El amor no se vuelca sobre el objeto amado únicamente como la mano sobre el objeto palpado: a base de tomar conciencia de nosotros mismos
El amor, por abajo, es como el tacto: necesita que su objeto se le resista
El amor, por arriba, es como el ojo: necesita que su objeto sea claro
No se ama lo fofo, lo blando, lo inconsistente
No se ama lo turbio, lo oscuro, lo mentiroso
El amor no tiene principio ni fin. Cuando llega, es como si hubiese estad allí desde siempre. Cuando se va, como si nunca hubiese sido.
La grandeza del amor se mide hacia abajo, no hacia arriba
La altura, en el amor, se llama profundidad
El amor es absoluto o no es en absoluto
Si el hombre existe y ama, no queda sitio para Dios. Y el hombre existe y ama
Si dios existiera y amara, no sobraría sitio en donde pudiera el hombre existir y amar. Y la tierra es un sitio donde el hombre puede existir y amar.
Dios o el hombre, pero no ambos
Aun cuando Dios existiera, no tendría sentido amarlo o pensar en él. Y ni siquiera existe
A dios habría que negarlo aun cuando existiera. Sobre todo si existiera
Dios no es necesario ni siquiera para la religión
En la sociedad íntegra se fundirían o integrarán la erótica, la política, la ética, la lógica, la poética, la noética, la teorética y la práctica
No vale la pena hablar del amor, pero sí hablar enamorado
El amor no se expone, se impone
Estas ideas son hijas del amor. Jamás querrían ser madres de él. Fueron descubiertas y rodadas, y empíricamente comprobadas, desde él, teniéndolo de supuesto o sótano, de luz, balcón, razón o método.


De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar…
Te despeñas. Es el sin fin desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.
Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.
En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres.
Corazón de la noche, habla.
Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.
Hubiese querido más que esto y a la vez nada….
Extracción de la Piedra de la Locura
Alejandra Pizarnik
La felicidad tiene que ser otra cosa
creo que es una cosa contenida dentro de otra
no es en sí, el elemento fundamental.
Creo que para mí la felicidad está contenida dentro de la estabilidad
si logro esto, logro ser feliz.
Porque la felicidad en si misma es un elemento muy fluctuante
Lo que digo es debe ser algo como amarrarte a un resorte
para poder subir y bajar a gran altura y velocidad, pero el estar ahí atada a ese punto, te regresa al centro.
¿me explique..?
Pero al final, ni si quiera la felicidad es una obligación, ¿no?
Ni siquiera la felicidad, es una obligación.
Esto no tiene mucho sentido, pero lo tengo dándome vueltas hace rato en la cabeza… tenia que decirlo, a ver si leyéndolo varias veces me entiendo mejor

Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que no muera
sin volver a verte.)
Alejandra Pizarnik / Extracción de la piedra de la locura