Monday, December 29, 2008

Con prudencia y en silencio

Déjenme cambiar de opinión una vez más y tantas veces como sea necesario, como se dice déjenme organizar la mente, permítanme volver a decir lo que negué o afirmé tantas veces. No puede ser vergonzoso cambiar de opinión, vergüenza sería ocultarlo y dejar que la gente crea por inercia que no hemos cambiado, que esta vida y esta mente, se han estancado en un espacio sin posibilidad a la evolución. Pero ya ustedes me conocen, a estas alturas saben que cuestiono y me cuestiono también. Las lecturas no son permanentes y van en todas las direcciones. Esta es mi forma de ver y estar en el mundo; esta es mi forma de no aceptarlo todo como dado y "natural"; esta soy yo evaluando y siendo evaluada; esta es mi forma de crecer.

Aclaro que no es que cambie de opinión para adaptarme a las circunstancias, eso ya sería hipocresía, no, yo cambio porque veo a mi alrededor cosas que alteran mis tesis, que cuestionan mis creencias o prácticas cotidianas; el valor no es hacer de una posición algo permanente, el valor consiste en aceptar un error y crecer a partir de este nuevo conocimiento; con todos los cambios, el dolor o las pérdidas que esto impliquen. Porque el valor y la entereza no habitan en espacios sordos y vacíos, muy por el contrario, el valor está en todo lo que produce moverse de lugar.

Pero que no se crea tampoco que mis cambios son inmediatos, eso sería ser demasiado desprendido de lo que una vez se valoro como verdad, así no son las cosas, mis cambios son lentos, dramáticos y por momentos mis nuevas opiniones carecen de argumento más allá de un simple sentimiento, pero son los sentimientos los que nos permiten iniciar el cuestionario y el trabajo que nos lleva a la conclusión, es así como encontramos las verdades: en un reto constante a nosotros mismos para demostrarnos si estábamos equivocados o no.

Queremos ser dueños de la razón y queremos que la verdad nos nazca sin el esfuerzo de la búsqueda; al fin de cuentas, querer tener la razón es alimentar del ego, pero buscar la verdad nos lleva por el camino de la humildad.

La opinión es una circunstancia y aunque compromete, no aniquila la posibilidad de un nuevo descubrimiento.

Tuesday, December 23, 2008

Capítulo 93

Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.

Del libro Rayuela
Autor: Julio Cortazar

Monday, October 27, 2008

- El Exiliado -

Su acento lo delata: arrastra un poco las eses y pronuncia de igual manera las b y las v. Entonces se produce cierto silencio a su alrededor. No es un gran silencio, pero él percibe alguna curiosidad en las miradas y un pequeño reajuste en los gestos, que se vuelven más enfáticos. (Cambios imperceptibles para un observador común, pero el exilio es una lente de aumento.) A partir de ese instante (y también otros) él se siente en la necesidad de compensar a los demás. Oh, es cierto que él es un extranjero y debe hacerse perdonar. Agradece la buena voluntad ajena, ésa que consiste en no preguntarle jamás de donde viene, ni que hacía antes, si ha solucionado o no los problemas de los papeles, cómo era el lugar donde vivía, si perdió algo en el camino, si se siente solo. Todos están dispuestos a disimular esa pequeña anomalía, a tomarlo en cuenta, pese a todo, a no hacerle preguntas y especialmente: a no demostrar ninguna clase de curiosidad por su vida. Para corresponder a tanta amabilidad, él se obstina en ignorar su pasado (hace como si no lo tuviera), reprime cualquier malestar y demuestra gran conocimiento de las plazas de la ciudad, los monumentos, el nombre y la ubicación de las calles, los servicios públicos y la escasa flora del lugar.

Puede indicar con precisión la ruta de los autobuses y de los metros y la composición de la Alcaldía, pero precisamente, el hecho de conocer todos estos datos (en especial: el nombre de los árboles del ornato público y el emplazamiento de los principales monumentos) crea cierta desconfianza a su alrededor y confirma que en efecto, se trata de un extranjero que vive entre nosotros. Evita muy cuidadosamente el uso de la primera persona del plural, para no sembrar dudas a su paso, porque los individuos suelen ser muy celosos en cuanto a la comunidad a la que pertenecen y él no desea ofender a nadie. Está muy agradecido al sol, que también lo calienta a él y por un ingenioso mecanismo sortea las trampas que se le tienden para intimidarlo: cuando alguien habla de un defecto nacional, él lo convierte de inmediato en una virtud. Por ejemplo, cuando su interlocutor, sin mirarlo especialmente fijo, menciona la mezquindad de los habitantes de la ciudad, él afirma que se trata del sano sentido del ahorro que ha permitido prosperar a las familias; si se habla de la rudeza y falta de urbanidad de los transeúntes, él asegura que es espontaneidad y falta de inhibiciones; si alguien comenta que en esa ciudad hay poca imaginación y sus habitantes son aburridos, él sugiere que en realidad, se trata del sentido común de la raza, poco dad -gracias a Dios - al delirio y a la aventura. Si el interlocutor persiste en enumerar los vicios y defectos del país, él da por terminada la conversación con un enfático << ¡Ustedes no saben lo que tienen!>>, y el ciudadano se interrumpe, mira alrededor, algo confuso, convencido de que el exiliado ama más el lugar que él. Pero de inmediato se recupera: no está dispuesto que nadie hable de su patria superlativamente, si no nació allí. Es entonces cuando el Exiliado comprende que ha cometido una falta irreparable y que por más esfuerzo que haga, siempre será un extranjero.


Autora: Cristian Peri Rossi
Uruguaya
Del libro del Museo de los esfuezos inútiles

Thursday, October 09, 2008

¿Por qué le temen al concepto de género?

El proyecto de ley de “Salud sexual y reproductiva”, presentado recientemente por el gobierno panameño, ha generado un revuelo que agita a los sectores más conservadores de la sociedad. Desde todos los púlpitos se grita “anatema”, se hacen proclamas y se culpa al mismo Diablo de ser autor intelectual del proyecto, mientras que otros más sofisticados achacan a la responsabilidad a los “malthussianos” atrincherados en Naciones Unidas.

Los medios de comunicación, en especial la televisión, tan cargada de imágenes sexuales a la hora de vender productos, hacen un guiño a los apóstoles de la nueva cruzada, y expresan su “preocupación”. Los dirigentes magisteriales, usualmente tan revolucionarios para otros menesteres, suman sus voces y condenan al proyecto por “promover el libertinaje”. ¡Cuánta ignorancia proveniente de unos “educadores”!

Estaría en peligro la sacrosanta institución de la “patria potestad”. Según una doctora, prominente dirigente de uno de los partidos de la extrema derecha, los médicos no le podrían informar sobre si sus nietas tienen o no actividad sexual. Curiosidad que a mi me parece morbosa, pero ella afirma que en eso consiste la esencia de la “patria potestad”.

Pero lo que más le preocupa a esta gente es el uso reiterativo del concepto “género” en el proyecto. Parece que esta categoría sociológica encierra en sí todos los males. Y creo que no se equivocan.

Dos mujeres prominentes son las precursoras de la categoría de género. La primera, la antropóloga Margaret Mead, que en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, publicado en 1935, llegó a la conclusión de que los roles sociales asignados a los sexos no eran de origen biológico sino culturales. La segunda, la gran escritora francesa Simone de Beauvoir, quien resumió el asunto en una frase famosa: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer”.

El sicoanalista Robert Stoller (Sex and Gender) precisó el concepto de género: “aspectos esenciales de la conducta -a saber, los afectos, los pensamientos, las fantasías- que aún ligados al sexo, no dependen de factores biológicos”.

Hasta los años cincuenta del siglo pasado se creía que la persona, al nacer hombre o mujer, ya venía con una marca de fábrica que le asignaba no sólo lo que podía o debía hacer, sino incluso cómo debía comportarse en sociedad (temperamento). Lo cual fue, y sigue siendo, fuente de sufrimiento para incontables personas en todo el mundo.

Todos lo hemos escuchado: las niñas deben portarse bien y estarse quietecitas; los varones pueden ser desordenados o violentos. O aquello de “los hombre no lloran”, “ni juegan con muñecas”. Los hombres a la mecánica o andar por la calle, las chicas a estarse en casa y aprender las labores domésticas. Y luego se casaban y el cura santificaba: “seguirás a tu marido donde quiera que vaya”.

Gracias a la observación de otras culturas, la antropología, la sociología y la sicología, descubrieron que las expectativas que la sociedad se hace sobre el sexo de una persona no tienen que ver nada con la biología, sino que son una construcción cultural. Dicho más científicamente, el “género” o “rol sexual está definido socialmente”. Es decir, depende de la sociedad donde naces y vives.

Y, lo que es todavía peor y más subversivo para todos los retrógrados, las expectativas de género pueden cambiar, pueden desaprenderse y se modifican con el tiempo, y cambian con la sociedad. No, no son eternas.

¿Por ejemplo? El gran general Julio César, fundador del imperio Romano, era abiertamente bisexual, sin que eso causara rubor, ni menos se le ocurriera a nadie faltarle el respeto. Otro ejemplo, Alejandro Magno, que llevó extendió la dominación griega hasta la India, era homosexual. Ninguno de los dos cumplía de las expectativas de género en materia de heterosexualidad que la sociedad actual esperaría de ellos. Pero para su sociedad, eran perfectamente “normales”.

Por supuesto que el movimiento feminista, echó mano del concepto de género y lo ha utilizado como un arma en su lucha contra la injusticia de una sociedad en que la mitad de su población, las mujeres, es marginada de todos los derechos civiles, sólo por haber nacido con vagina en vez de pene. Una sociedad que les fija como único objetivo de vida y realización personal: parir.

Claro que a los conservadores no les gusta que a la gente se le enseñe desde niños que todos los seres humanos son iguales, y que no debe haber discriminación sexual, o que el sexo no es malo. Ni que se les enseñe que los estereotipos sexuales no son más que prejuicios para justificar una situación de opresión contra una parte de la humanidad. Y podemos incluir allí a los homosexuales y lesbianas. Porque el peligro es que se extienda una revolución, que ya ha empezado, en cada hogar, cuando todas las mujeres decidan rebelarse contra la esclavitud domestica y la sumisión al marido.

En palabras de la feminista norteamericana Kate Millet: “Por ser el grupo alienado de nuestra sociedad, y en virtud de su ira secularmente contenida, el sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia”.

Por ello, los más risibles son aquellos que posando de “progresistas” y hasta “comunistas” prefieren pasar agachados en este debate porque no hay nada más cómodo que claudicarle a los prejuicios, pues recibes simpatías aparentes por ello, sólo aparentes. Seguramente ello explica la casi nula participación femenina en las organizaciones sindicales y de izquierda panameñas, mucho menos como dirigentes, pues sólo se las considera para oficios de secretaria o acompañamiento. Si usaran el “enfoque de género” se darían cuenta.

Me quedo con la genial Kate Millet, cuando señala en su libro Política Sexual: “...no cabe alterar la sociedad sin transformar previamente la personalidad, cuya faceta sexual requiere, en particular, una revisión radical y absoluta...” porque “...la casta sexual prevalece sobre todas las demás formas de desigualdad social” de ahí “la inutilidad de cualquier revolución que deje intacta la unidad básica de explotación y opresión, es decir, la existente entre los sexos”.


Autor: Olmedo Beluche, Sociólogo Panameño


Thursday, September 11, 2008

Capítulo 7 de Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.


Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Autor: Julio Cortazar

Posesión - Eliseo Subiela

Uno de los principales síntomas de la sabiduría es la comprensión de que nada podemos retener. Todo fluye. Todo está siendo y dejando de ser al mismo tiempo. Todo es "prestado". Los que entienden eso viven plenamente y no le temen a la muerte.
El afán de retener al ser amado, de apropiarse de él, de poseerlo, es tan nocivo para el amor como la rutina.

Lo que sigue son dos ejemplos opuestos sobre el tema:

1- Un profesor de 50 años se enamora de Julieta, una alumna de la clase de Introducción a las letras que dicta en la universidad dos veces por semana...El es viudo. Ella tiene 25 años. Y un hijo de un año. El padre desapareció con el embarazo.
El profesor se enamora de ella y de su hijo. Se ríe cuando se entera de que el pequeño hijo de Julieta se llama Romeo.
Se los lleva a vivir con él a su casa en el Tigre.
El profesor siente un amor tan grande que piensa que el día que ella se
enamore de un hombre joven, les cederá el cuarto principal de la casa.
El se mudará al cuarto de huéspedes y se conformará con saber que ella está viviendo en la misma casa, en el mismo planeta. Le basta con amarla. No quiere nada a cambio.
La última vez que ví al profesor habían pasado dos años del comienzo de la historia. Llevaba de paseo a Romeo. "Este niño cambió mi vida", me dijo. Estaba feliz. Lleno de amor.


2- Esto ocurrió en París hace algunos años.
Un joven ejecutivo de una multinacional japonesa se había enamorado hasta los huesos de una azafata de Air France.
Ella también lo amó mientras lo amó.
Una mañana, el japonés encontró sobre la heladera de su departamento una nota que le pareció desconcertante al principio. Cruel cuando entendió que esas máximas orientales (justo a él...) eran una carta de despedida.
La nota decía: "Quien sea que esté presente es la persona correcta.
Cuando sea que comience es la hora correcta. Lo que sea que suceda es lo único que podía suceder. Cuando ha terminado, ha terminado."
Un día, los padres de la azafata denunciaron a la policía su desaparición.
Casi un año después, un desconcertado policía de guardia trataba de calmar el llanto de ese hombre que haría una confesión horripilante.
Había matado a su amante. La había descuartizado.
Durante meses la había ido cocinando de acuerdo con distintas recetas extraídas de un libro de cocina francesa que el homicida había comprado a tal efecto. Cada comida era como una ceremonia con rituales de noches de amor.
Candelabro encendido, fuente primorosamente decorada, botella de champagne, baladas de Brahms de fondo. Un ritual para estar con su amor, que no alcanzaban a empañar las lágrimas que al japonés le costaba frenar después de cada bocado.
No era ésa la forma de estar con su amada que él hubiera elegido y, sin embargo, la había elegido. Freezer mediante, se la fue comiendo hasta no dejar de ella más que algunas uñas y una mata de pelo, restos que ahora entregaba para que la familia tuviera algo que despedir en las exequias.
A él no le quedaban más que el dolor de un amor nutritivo pero efímero.
Una pasión que la enfermiza necesidad de retener al otro hiciera mudar del corazón a los intestinos, subrayando en ese cambio de órganos el carácter pasajero y perecedero de todo en la vida.

Buscó dentro suyo algo de consuelo.
Sólo encontró el recuerdo del final de la nota que ella le dejó:
"Cuando haya terminado, ha terminado".


Autor: Eliseo Subiela


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Este texto ilustra con perfección aterradora el momento presente y abraza la incapacidad de mi palabras

Wednesday, September 10, 2008

Un pensamiento...

El amor cuando es amor, debe ser libre, respetuoso y sereno.

Cualquier cosa que elimine lo sublime del amor, le va restando vida, lo hibridiza de lo que fue...
pero el amor es... el amor tiene que ser otra cosa.

Creo que el amor es como un lugar donde no habita el miedo, ni la duda, ni la desesperanza.

Wednesday, August 20, 2008

Sobre el amor culto



Proponerse amar es como proponerse proponerse.


El amor no es joya que se luce, es herramienta que produce.


Amar el amor es cosa ruin


Lo importante no es el amor sino lo que con él se hace


El amor hace, no se hace


El amor siente, no se siente


El amor tiene, posee; no se tiene, no se posee


El amor piensa, no se piensa


No se tiene amor, se lo es


El amor es sujeto, no objeto


Amar es una madera de ser


El amor no es una cosa, sino una madera de hacer las cosas


El amor es un método


El amor no es algo que se ve, sino más bien como un ojo con el cual se ve. Y al mismo tiempo, como una mano, que toca tocándose


El amor no se vuelca sobre el objeto amado únicamente como la mano sobre el objeto palpado: a base de tomar conciencia de nosotros mismos


El amor, por abajo, es como el tacto: necesita que su objeto se le resista


El amor, por arriba, es como el ojo: necesita que su objeto sea claro


No se ama lo fofo, lo blando, lo inconsistente


No se ama lo turbio, lo oscuro, lo mentiroso


El amor no tiene principio ni fin. Cuando llega, es como si hubiese estad allí desde siempre. Cuando se va, como si nunca hubiese sido.


La grandeza del amor se mide hacia abajo, no hacia arriba


La altura, en el amor, se llama profundidad


El amor es absoluto o no es en absoluto


Si el hombre existe y ama, no queda sitio para Dios. Y el hombre existe y ama


Si dios existiera y amara, no sobraría sitio en donde pudiera el hombre existir y amar. Y la tierra es un sitio donde el hombre puede existir y amar.


Dios o el hombre, pero no ambos


Aun cuando Dios existiera, no tendría sentido amarlo o pensar en él. Y ni siquiera existe


A dios habría que negarlo aun cuando existiera. Sobre todo si existiera


Dios no es necesario ni siquiera para la religión


En la sociedad íntegra se fundirían o integrarán la erótica, la política, la ética, la lógica, la poética, la noética, la teorética y la práctica


No vale la pena hablar del amor, pero sí hablar enamorado


El amor no se expone, se impone


Estas ideas son hijas del amor. Jamás querrían ser madres de él. Fueron descubiertas y rodadas, y empíricamente comprobadas, desde él, teniéndolo de supuesto o sótano, de luz, balcón, razón o método.

Autor: José de Jesús Martínez (Chuchú Martínez)

Poeta, filósofo y matemático Panameño

Monday, August 11, 2008

Thursday, July 31, 2008

El museo de los esfuerzos inútiles (fragmento)

" El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared, menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe, comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes 'que yo disimulo por pudor' y el frío de la pared congestiona mis pulmones.... Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir. "
Autora: Cristina Peri Rossi
Escritora Uruguaya

La egoísta

El cuerpo que arrastro por la vida, contiene todas esas “yo” tan irreductibles como la tarde, y no logra controlar a la egoísta que a veces no duerme. El cuerpo trata pero la niña, implacable en sus caprichos busca tu rostro, ávida por el canto de tu risa. Y no te he pedido nada, hasta ahora que te pido un imposible. Este antojo de mi corazón que a veces es tan despiadado como vulnerable.

Intento desdoblar la carne de estos caprichos imposibles y una parte de mí – la otra yo egoísta - encuentra la ocasión de recordarme tu voz al amanecer e impotente libro una batalla sin sentido, destinada a provocarme el más cruel de los daños, borrándote de una historia que ni siquiera llegamos a escribir.

La egoísta, la que a veces duerme, ahora está sentada junto a mí, hablándome de tus manos y dejándome con ganas de contarte mil secretos en la boca. Y le respondo furiosa a la que llora; me siento para acariciar su pena, trato de volverla al sueño para guardarla en algún silencio de la memoria.

Friday, July 11, 2008

FIESTA




he desplegado mi orfandad
sobre la mesa, como un mapa.
Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.

Y he bebido licores furiosos
para transmutar los rostros
en un ángel, en vasos vacíos.

Autora:
Alejandra Pizarnik

Friday, July 04, 2008

En esta noche, en este mundo


No
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
sidigo pan ¿comeré?



Alejandra Pizarnik
En esta noche, en este mundo

Lo único que queda por decir...

Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.
Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno a ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera. ¿Y qué puedes tú? sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.
No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.

Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.
Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.

Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es desanudar mi garganta.

Extracción de la Piedra de la Locura
Alejandra Pizarnik

sobre sentirse y no... sobre la noche y no...

De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar…

Te despeñas. Es el sin fin desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.
Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.
En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres.

Corazón de la noche, habla.
Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.
Hubiese querido más que esto y a la vez nada….



Extracción de la Piedra de la Locura

Alejandra Pizarnik

Wednesday, July 02, 2008

A LA MUJER IDEAL (una apología de lo "cursi")

Un poco para despertar curiosidades, voy a “parecer cursi” diciéndote por este medio que me gusta mucho el café y el cigarrillo compartido entre las volutas y la palabra aquellas tardes tan nuestras mientras dialogamos sobre la libertad de ser al margen del mundo.Me gusta profundamente la forma escandalosamente sincera de reír cuando aciertas el significado detrás de la primera imagen, en apariencia inocente; la forma en que sugieres que te siga a donde tú quieras, sin que por ello debamos rendirle cuentas a los espejos, al tiempo ni al espacio. Como ya te dije, no te quiero, ni quisiera quererte y prefiero amarte porque no sé cómo ni para qué serviría hacerlo. Sabes bien que en mi culto tu cuerpo y corazón son altar.Que tú me quieras me pone los pelos de punta, puesto que no estoy dispuesto a dejarte manejar a tu antojo mi libertad, ni a que por satisfacer tu ego te conviertas en tirana del imperio cuyos territorios son mi cuerpo, corazón y voluntad. Amo sí que me ames. Me place mucho saber que en tu camino me elevas a la condición de río del que tomas el agua necesaria para no morir de sed antes de que llegues al próximo río que, sé, igual que yo también te lavará los pies.Tus motivos para el amor los desconozco, aún no logro saber si es miedo a la soledad, o simple deseo de llenar conmigo los espacios de tiempo que, ya te digo, no me desagrada y tampoco quisiera saberlos porque en los asuntos de su dama el caballero no se mete. Esto, dirás, es respeto. Para mí, es simple lógica. Por ningún motivo me arriesgaré a husmear en tus asuntos, no sea que te des cuenta y me eches antes de tiempo de tu vida. Por otro lado, del mismo modo en que tú ejerces tu libertad, yo ejerzo la mía y espero no sea esto motivo de conflicto.Tiemblo cuando me dices al oído lo mucho que me amas. No atino a saber cómo evitar ese frío ascendente que me paraliza cuando comprendo que el amor es inmensurable desde cualquier posibilidad perceptual humana. Y no sé -dado que me dices es tanto tu amor-, si merezco o no tanto amor.Se piensa que sin altar no es posible el ritual y sin ritual el culto. Desde mí, sean mi cuerpo y el tuyo sólo altar, ritual y culto a Amor y mis palabras cantos en su honor, cuando asistamos al ritual del café, el cigarro y la palabra amiga. Porque, recuerda cuáles y cuántas palabras comparten con Amor la raíz lingüística AM. Amistad entre ellas… las de más son caminos, afluentes tributarios del Gran Camino.

Autor: Alexander Zanches
Río, poeta y amigo
http://poetaandariego.blogspot.com/2008/06/la-mujer-ideal-una-apologa-de-lo-cursi.html

Wednesday, June 25, 2008

Sin mucho sentido

La felicidad tiene que ser otra cosa
creo que es una cosa contenida dentro de otra
no es en sí, el elemento fundamental.


Creo que para mí la felicidad está contenida dentro de la estabilidad
si logro esto, logro ser feliz.
Porque la felicidad en si misma es un elemento muy fluctuante
Lo que digo es debe ser algo como amarrarte a un resorte
para poder subir y bajar a gran altura y velocidad, pero el estar ahí atada a ese punto, te regresa al centro.

¿me explique..?

Pero al final, ni si quiera la felicidad es una obligación, ¿no?

Ni siquiera la felicidad, es una obligación.

Esto no tiene mucho sentido, pero lo tengo dándome vueltas hace rato en la cabeza… tenia que decirlo, a ver si leyéndolo varias veces me entiendo mejor

EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LOCURA




mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
según un canto ahora olvidado
yo no era aún la fugitiva de la música
yo no sabía el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido


Alejandra Pizarnik