Monday, February 02, 2009

Miedo Global

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas.

Las armas tienen miedo a la falta de guerras.Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía, miedo a las puertas sin cerraduras, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.

Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad.

Miedo a lo que fue y a lo que puede ser.

Miedo a morir, miedo a vivir…


Autor: Eduardo Galeano

Thursday, January 08, 2009

CAER

Nunca de nuevo la esperanza
en un ir y venir
de nombres, de figuras.
Alguien soñó muy mal,
alguien consumió por error
las distancias olvidadas.


Autora: Alejandra Pizarnik

Monday, December 29, 2008

Con prudencia y en silencio

Déjenme cambiar de opinión una vez más y tantas veces como sea necesario, como se dice déjenme organizar la mente, permítanme volver a decir lo que negué o afirmé tantas veces. No puede ser vergonzoso cambiar de opinión, vergüenza sería ocultarlo y dejar que la gente crea por inercia que no hemos cambiado, que esta vida y esta mente, se han estancado en un espacio sin posibilidad a la evolución. Pero ya ustedes me conocen, a estas alturas saben que cuestiono y me cuestiono también. Las lecturas no son permanentes y van en todas las direcciones. Esta es mi forma de ver y estar en el mundo; esta es mi forma de no aceptarlo todo como dado y "natural"; esta soy yo evaluando y siendo evaluada; esta es mi forma de crecer.

Aclaro que no es que cambie de opinión para adaptarme a las circunstancias, eso ya sería hipocresía, no, yo cambio porque veo a mi alrededor cosas que alteran mis tesis, que cuestionan mis creencias o prácticas cotidianas; el valor no es hacer de una posición algo permanente, el valor consiste en aceptar un error y crecer a partir de este nuevo conocimiento; con todos los cambios, el dolor o las pérdidas que esto impliquen. Porque el valor y la entereza no habitan en espacios sordos y vacíos, muy por el contrario, el valor está en todo lo que produce moverse de lugar.

Pero que no se crea tampoco que mis cambios son inmediatos, eso sería ser demasiado desprendido de lo que una vez se valoro como verdad, así no son las cosas, mis cambios son lentos, dramáticos y por momentos mis nuevas opiniones carecen de argumento más allá de un simple sentimiento, pero son los sentimientos los que nos permiten iniciar el cuestionario y el trabajo que nos lleva a la conclusión, es así como encontramos las verdades: en un reto constante a nosotros mismos para demostrarnos si estábamos equivocados o no.

Queremos ser dueños de la razón y queremos que la verdad nos nazca sin el esfuerzo de la búsqueda; al fin de cuentas, querer tener la razón es alimentar del ego, pero buscar la verdad nos lleva por el camino de la humildad.

La opinión es una circunstancia y aunque compromete, no aniquila la posibilidad de un nuevo descubrimiento.

Tuesday, December 23, 2008

Capítulo 93

Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.

Del libro Rayuela
Autor: Julio Cortazar

Monday, October 27, 2008

- El Exiliado -

Su acento lo delata: arrastra un poco las eses y pronuncia de igual manera las b y las v. Entonces se produce cierto silencio a su alrededor. No es un gran silencio, pero él percibe alguna curiosidad en las miradas y un pequeño reajuste en los gestos, que se vuelven más enfáticos. (Cambios imperceptibles para un observador común, pero el exilio es una lente de aumento.) A partir de ese instante (y también otros) él se siente en la necesidad de compensar a los demás. Oh, es cierto que él es un extranjero y debe hacerse perdonar. Agradece la buena voluntad ajena, ésa que consiste en no preguntarle jamás de donde viene, ni que hacía antes, si ha solucionado o no los problemas de los papeles, cómo era el lugar donde vivía, si perdió algo en el camino, si se siente solo. Todos están dispuestos a disimular esa pequeña anomalía, a tomarlo en cuenta, pese a todo, a no hacerle preguntas y especialmente: a no demostrar ninguna clase de curiosidad por su vida. Para corresponder a tanta amabilidad, él se obstina en ignorar su pasado (hace como si no lo tuviera), reprime cualquier malestar y demuestra gran conocimiento de las plazas de la ciudad, los monumentos, el nombre y la ubicación de las calles, los servicios públicos y la escasa flora del lugar.

Puede indicar con precisión la ruta de los autobuses y de los metros y la composición de la Alcaldía, pero precisamente, el hecho de conocer todos estos datos (en especial: el nombre de los árboles del ornato público y el emplazamiento de los principales monumentos) crea cierta desconfianza a su alrededor y confirma que en efecto, se trata de un extranjero que vive entre nosotros. Evita muy cuidadosamente el uso de la primera persona del plural, para no sembrar dudas a su paso, porque los individuos suelen ser muy celosos en cuanto a la comunidad a la que pertenecen y él no desea ofender a nadie. Está muy agradecido al sol, que también lo calienta a él y por un ingenioso mecanismo sortea las trampas que se le tienden para intimidarlo: cuando alguien habla de un defecto nacional, él lo convierte de inmediato en una virtud. Por ejemplo, cuando su interlocutor, sin mirarlo especialmente fijo, menciona la mezquindad de los habitantes de la ciudad, él afirma que se trata del sano sentido del ahorro que ha permitido prosperar a las familias; si se habla de la rudeza y falta de urbanidad de los transeúntes, él asegura que es espontaneidad y falta de inhibiciones; si alguien comenta que en esa ciudad hay poca imaginación y sus habitantes son aburridos, él sugiere que en realidad, se trata del sentido común de la raza, poco dad -gracias a Dios - al delirio y a la aventura. Si el interlocutor persiste en enumerar los vicios y defectos del país, él da por terminada la conversación con un enfático << ¡Ustedes no saben lo que tienen!>>, y el ciudadano se interrumpe, mira alrededor, algo confuso, convencido de que el exiliado ama más el lugar que él. Pero de inmediato se recupera: no está dispuesto que nadie hable de su patria superlativamente, si no nació allí. Es entonces cuando el Exiliado comprende que ha cometido una falta irreparable y que por más esfuerzo que haga, siempre será un extranjero.


Autora: Cristian Peri Rossi
Uruguaya
Del libro del Museo de los esfuezos inútiles

Thursday, October 09, 2008

¿Por qué le temen al concepto de género?

El proyecto de ley de “Salud sexual y reproductiva”, presentado recientemente por el gobierno panameño, ha generado un revuelo que agita a los sectores más conservadores de la sociedad. Desde todos los púlpitos se grita “anatema”, se hacen proclamas y se culpa al mismo Diablo de ser autor intelectual del proyecto, mientras que otros más sofisticados achacan a la responsabilidad a los “malthussianos” atrincherados en Naciones Unidas.

Los medios de comunicación, en especial la televisión, tan cargada de imágenes sexuales a la hora de vender productos, hacen un guiño a los apóstoles de la nueva cruzada, y expresan su “preocupación”. Los dirigentes magisteriales, usualmente tan revolucionarios para otros menesteres, suman sus voces y condenan al proyecto por “promover el libertinaje”. ¡Cuánta ignorancia proveniente de unos “educadores”!

Estaría en peligro la sacrosanta institución de la “patria potestad”. Según una doctora, prominente dirigente de uno de los partidos de la extrema derecha, los médicos no le podrían informar sobre si sus nietas tienen o no actividad sexual. Curiosidad que a mi me parece morbosa, pero ella afirma que en eso consiste la esencia de la “patria potestad”.

Pero lo que más le preocupa a esta gente es el uso reiterativo del concepto “género” en el proyecto. Parece que esta categoría sociológica encierra en sí todos los males. Y creo que no se equivocan.

Dos mujeres prominentes son las precursoras de la categoría de género. La primera, la antropóloga Margaret Mead, que en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, publicado en 1935, llegó a la conclusión de que los roles sociales asignados a los sexos no eran de origen biológico sino culturales. La segunda, la gran escritora francesa Simone de Beauvoir, quien resumió el asunto en una frase famosa: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer”.

El sicoanalista Robert Stoller (Sex and Gender) precisó el concepto de género: “aspectos esenciales de la conducta -a saber, los afectos, los pensamientos, las fantasías- que aún ligados al sexo, no dependen de factores biológicos”.

Hasta los años cincuenta del siglo pasado se creía que la persona, al nacer hombre o mujer, ya venía con una marca de fábrica que le asignaba no sólo lo que podía o debía hacer, sino incluso cómo debía comportarse en sociedad (temperamento). Lo cual fue, y sigue siendo, fuente de sufrimiento para incontables personas en todo el mundo.

Todos lo hemos escuchado: las niñas deben portarse bien y estarse quietecitas; los varones pueden ser desordenados o violentos. O aquello de “los hombre no lloran”, “ni juegan con muñecas”. Los hombres a la mecánica o andar por la calle, las chicas a estarse en casa y aprender las labores domésticas. Y luego se casaban y el cura santificaba: “seguirás a tu marido donde quiera que vaya”.

Gracias a la observación de otras culturas, la antropología, la sociología y la sicología, descubrieron que las expectativas que la sociedad se hace sobre el sexo de una persona no tienen que ver nada con la biología, sino que son una construcción cultural. Dicho más científicamente, el “género” o “rol sexual está definido socialmente”. Es decir, depende de la sociedad donde naces y vives.

Y, lo que es todavía peor y más subversivo para todos los retrógrados, las expectativas de género pueden cambiar, pueden desaprenderse y se modifican con el tiempo, y cambian con la sociedad. No, no son eternas.

¿Por ejemplo? El gran general Julio César, fundador del imperio Romano, era abiertamente bisexual, sin que eso causara rubor, ni menos se le ocurriera a nadie faltarle el respeto. Otro ejemplo, Alejandro Magno, que llevó extendió la dominación griega hasta la India, era homosexual. Ninguno de los dos cumplía de las expectativas de género en materia de heterosexualidad que la sociedad actual esperaría de ellos. Pero para su sociedad, eran perfectamente “normales”.

Por supuesto que el movimiento feminista, echó mano del concepto de género y lo ha utilizado como un arma en su lucha contra la injusticia de una sociedad en que la mitad de su población, las mujeres, es marginada de todos los derechos civiles, sólo por haber nacido con vagina en vez de pene. Una sociedad que les fija como único objetivo de vida y realización personal: parir.

Claro que a los conservadores no les gusta que a la gente se le enseñe desde niños que todos los seres humanos son iguales, y que no debe haber discriminación sexual, o que el sexo no es malo. Ni que se les enseñe que los estereotipos sexuales no son más que prejuicios para justificar una situación de opresión contra una parte de la humanidad. Y podemos incluir allí a los homosexuales y lesbianas. Porque el peligro es que se extienda una revolución, que ya ha empezado, en cada hogar, cuando todas las mujeres decidan rebelarse contra la esclavitud domestica y la sumisión al marido.

En palabras de la feminista norteamericana Kate Millet: “Por ser el grupo alienado de nuestra sociedad, y en virtud de su ira secularmente contenida, el sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia”.

Por ello, los más risibles son aquellos que posando de “progresistas” y hasta “comunistas” prefieren pasar agachados en este debate porque no hay nada más cómodo que claudicarle a los prejuicios, pues recibes simpatías aparentes por ello, sólo aparentes. Seguramente ello explica la casi nula participación femenina en las organizaciones sindicales y de izquierda panameñas, mucho menos como dirigentes, pues sólo se las considera para oficios de secretaria o acompañamiento. Si usaran el “enfoque de género” se darían cuenta.

Me quedo con la genial Kate Millet, cuando señala en su libro Política Sexual: “...no cabe alterar la sociedad sin transformar previamente la personalidad, cuya faceta sexual requiere, en particular, una revisión radical y absoluta...” porque “...la casta sexual prevalece sobre todas las demás formas de desigualdad social” de ahí “la inutilidad de cualquier revolución que deje intacta la unidad básica de explotación y opresión, es decir, la existente entre los sexos”.


Autor: Olmedo Beluche, Sociólogo Panameño


Friday, September 26, 2008

Un atardecer...